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Chevy Chevette 1981, aprendiendo a caminar


Era 1998, un año especial. Egresaba de cuarto medio y me disponía a disfrutar de un verano con otro aire y también con un regalo, en realidad medio regalo nada más. Mi padre, tras años de esfuerzo, logra comprar un auto como le llamamos aquí "semi nuevo", un hyundai excell de 1995 con 40 mil km de recorrido y olor a nuevo aun, un dueño y papeles en regla. Dicho lo anterior, había tenido un chevy chevette marajo 1981 el cual herede de momento, mientras se vendía. Yo no tenía donde guardarlo, era un "púber conductor", un tuerca en pañales... sabia mucho de autos, mucho de manejo, mucho de ruedas... pero no tenía ni dinero, ni lugar donde guardar este tesoro. Lo recibí igual, considerando que viajarían en el mis abuelos (QEPD) en los veranos a la playa y los llevaría. Oficialmente fue mi primer auto.

El chevette no tenía mucho que ofrecer, terminaciones pobres pero sólidas, asientos cómodos sin apoya cabeza, una radio de perillas con cassette (aun los cd`s no se masificaban), limpia parabrisas de dos velocidades, ventilación de tres velocidades con un ruido insoportable de hojas secas en el motorcito aquel... y un portalón del demonio que sonaba en cada bache. Se hizo la luz, tenía un juguete medio cacho.

Técnicamente mi auto (y suena raro decirlo hoy), tenía una caja cuarta, con un motor de cuatro cilindros de 1400 cc que no andaba mucho (140 a lo sumo) y unos frenos espectaculares que detenían el auto varios metros pasado donde lo querías. Pero era fiel a pesar de las panas: que te jode el encendido, que se muere la bomba de agua, que se queman las empaquetaduras de tapa válvulas, que el carburador se tapa, que los bujes de tren delantero se mueren al comerse un bache. En el interior una relojería simple era velocímetro, bencina y temperatura, nada más, un diseño sobrio que no entusiasmaba ni al más fanático de chevy. ¿la gracia? andaba poco, picaba poco, era de caja torpe... pero era propulsado, un manjar para quienes conducimos a la antigua.

No puedo dejar de recordar un viaje por la cuesta Barriga corriendo junto a un 404 a casi 60 km/h en la bajada disfrutando del volanteo y como se iba de cola en las curvas... viaje en el que perdí ahorros importantes: se me cortó la piola del alza vidrio lado conductor (recuerdo que debí bajarme del auto a pagar el peaje, pues, tuve que trabar el vidrio arriba... peor aun en el túnel zapata el CO2, NOX y la bencina mal quemada nos tenía rayando la papa) y se me rompió el escape llegando a Maipú, quedando el silenciador colgado... además darme cuenta que debía cambiar mangueras y frenos no me hizo gracia... eso no lo pesqué hasta que llegué a mi casa, estaba cansado, pero con el corazón a full porque me sentí vivo, conduciendo solo, por los caminos que alguna vez hice acompañado de mi viejo que confió en mi muñeca y me dejó manejar su hyundai. Una época de gloria, en la que aun vibraba las carreras de Senna y pretendía sentir esa adrenalina de domar las bestias... bestias que por cierto, ahora mirando hacia atrás nunca fueron tales.

 Este fue mi primer auto, mi chevette marajo que recuerdo con cariño. 

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