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Mazda 323, japonés celeste.


El chevette tuvo algunos ajustes por ahí, como llantas pintadas y lacadas, unas fundas de asiento, un par de micas nuevas. Pero debía irse, pues su última revisión técnica (ITV o como le llamen en otros lares) las había pasado apenas. Le puse un letrero y en un par de semanas se fue a otros lares.

Había que buscar un auto con comodidad que este bicho no tenía, y mi viejo recordó d golpe que una compañera suya de trabajo, vendía un mazda 323 año 87 en un precio bastante más bajo que otros. Lo fui a ver y me gustó el diseño, la pinta, la comodidad. Era más nuevo que mi viejo chevy, así que no lo pensé mucho y acepté que mi viejo pusiera una diferencia para no comprar con lo que logré vender el auto, ya que me alcanzaba para muy poco.

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El auto era como este que está aquí, tal cual... mismo color... no tenía aire condicionado, no tenía alzavidrios eléctricos, no tenía radio cd... pero era mio, mas nuevo, bien cuidado y muy fiel, con una relojería simplona además... sin tacómetro, tal cual el chevette ido, solo que mas moderno de concepto y presentación. Aunque ya perdí el eje motriz posterior, el auto tenía un andar agradable... muy pesado eso si, como tanque a pedales, rendía poco y andaba poco también (170 km/h a lo sumo y muy exigido), caja cuarta...  lo disfruté llevándolo al instituto mientras estudiaba, siempre encerado, siempre bien cuidado, con mucha pasta de zapatos negra en los neumáticos para darle un toque opaco y silicona en el tablero, para que se viera nuevo tal y como estaba por fuera.

Si bien los viajes en el auto eran agradables, no era lo mismo que el chevette, así que me duraría un año y medio, lo suficiente para disfrutarlo en idas a la playa y paseos al sector de Buin, Los Andes y Melipilla. Lo que detonó su venta fue que si bien era confiable, me dejó en pana tres veces por problemas en el carburador, el cual desarmé y limpié luego de la segunda y tercera vez. Tal vez el problema no volvió a presentarse en las semanas siguientes, pero nunca me dejó tranquilo y viajaba siempre pensando en cuando me haría la gracia otra vez, pues, podías estar fácilmente una hora tratando de arrancarlo y no lo conseguías.

Finalmente en un paseo por el parque de los reyes en el viejo persa automotriz, me ofrecieron pagar por el auto lo mismo en que lo compré... no era mal negocio, a uso de un año y medio salir invicto en el balance me servía de mucho para buscar otro auto, sobretodo porque las exigencias para los no catalizados estaban subiendo y las restricciones en el año también.

Ya tenía muy claro a lo que aspiraría, en mis genes estaba siempre andar rápido, de forma ágil y despierta. No me alcanzaba para un bmw, ni para un alfa romeo, ni para un vw... pero miraba con hartas ganas los fiat uno 1.6R y si se daba la opción, algún suzuki swift o ford escort para tocar un poco el motor y jugar. A buscarlo se dijo, aunque la historia sería más de agraz. 

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